Llega marzo, o llega septiembre, y de repente el sofá parece otro. No has cambiado nada: es la muda estacional.
Qué está pasando
Perros y gatos ajustan su pelaje a la temperatura y, sobre todo, a las horas de luz. En primavera sueltan la capa densa del invierno; en otoño cambian el pelo de verano por uno más abrigado. Las razas de doble capa lo notan muchísimo más, porque tienen un subpelo lanoso que se desprende en mechones.
En España la muda es más desordenada
En pisos con calefacción y aire acondicionado, la luz y la temperatura que percibe el animal no siguen del todo las estaciones de la calle. Por eso muchos gatos de interior sueltan pelo todo el año en vez de concentrarlo en dos picos. Si tu gato no para nunca, probablemente sea eso y no un problema.
Qué funciona durante la muda
Subir la frecuencia, no la intensidad. Cepillar a diario cinco minutos saca muchísimo más pelo que una sesión larga los sábados, y sin dejar la piel irritada.
Cepillar donde se pueda recoger. Junto a una ventana, en la terraza, o encima de una manta que luego sacudes. Cepillar en mitad del salón reparte el problema.
Humedecer ligeramente el pelaje. El pelo ligeramente húmedo pesa más y se queda en el cepillo en vez de flotar por la habitación. Es exactamente el motivo por el que existen los cepillos con pulverizador.
Atacar los textiles el mismo día. El pelo recién caído se levanta fácil. El que lleva dos semanas se ha ido incrustando entre las fibras y cuesta mucho más.
Lo que no hace la muda
La muda no se elimina, se gestiona. Cualquiera que te prometa que tu perro dejará de soltar pelo te está vendiendo humo. Lo que sí puedes es decidir dónde acaba ese pelo: en el cepillo o en tu ropa.
Eso sí, si la caída es muy brusca, deja zonas sin pelo, o viene con picor o piel irritada, ya no es muda: eso lo tiene que ver un veterinario.